La katana mexicana

Acababa de cumplir 18 años cuando Fernando, mi hermano mayor decidió regalarme un privado en el miau miau. Era la primera vez que asistía a un table dance. Llegamos a ese tugurio de la ciudad que la mayoría conoce pero solo unos pocos confiesan haber entrado, con la esperanza de tocar por primera vez un culo y unas tetas.

Había escuchado y visto en las peliculas que los “tables” se componen de “pistas”, como si fuera un circo, solo que en vez de elefantes dando vueltas, hay mujeres dando vueltas, o en ocasiones como esta, mujeres con cuerpo de elefante intentando dar vueltas sobre la vara vertical.

Nos sentamos en una mesa a la que llaman herradura, y mientras observaba el panomarama, Fernando me dijo:

          ¿Orale cabrón, con cuál te quieres estrenar?

          ¿estrenar?, ¿y por qué crees que no he cogido?- repuse haciendome el ofendido, aunque la realidad era que seguía siendo virgen.

          ¿A chingá, Y a poco no? si no fueras virgen no la trairias como vela de barco – repuso Fernando, al momento que señalaba mi entrepierna con mi miembro erecto.- Ya hombre, no te aguites que para eso estamos aquí.

Nos pusimos a observar las acrobacias de las damas, al tiempo que intentaba decidirme con cuál sería mi primera vez. Luego de unos minutos Fernando me reclamó desesperado.

          Ya decídete cabrón! O acaso eres puto?

          No soy puto, pero no sé cuál agarrar, la neta no estoy seguro de si quiero acostarme con una de ellas.

          No mames, de veras que pareces vieja, de seguro eres de los que cree que tu primera vez debe ser especial. con rosas, velas encendidas y ese tipo de mamadas.

          Pues algo así. ¿Qué tiene de malo?- repliqué.

          Pues que es una mentira, la primer vez siempre va a estar culera. O de verdad piensas que a nuestra jefa le gusto cuando se la estrenaron.

          Ya ni la chingas, muestra un poco más de respeto.

          No te aguites, pero apurale, porque si no coges tu, cojo yo.

Continué observando hasta que me decidí por Katana, una voluptuosa rubia artificial que bailaba en la pista de en medio. No la elegí porque sintiera algo especial por ella, la elegí solo porque se me acababa el tiempo, y no quería irme esa noche sin coger.

Fernando hizo los arreglos necesarios con su padrote y en menos de lo que puedo recordar, estabamos ella y yo solos en el cuarto de un motel. No cruzamos más de dos palabras cuando me arrepentí de mi elección. La luz del motel iluminaba a plenitud el rostro de Katana, dejando ver esos dientes separados y verruga arriba del ojo izquierdo.

          No pasa nada, solo tengo que cerrar los ojos – decía para mis adentros intentando convencerme que todo estaría bien.

 Le apestaba la boca.

          No pasa, solo tengo que cerrar los ojos e intentar respirar por la boca – continuaba repitiendome a mi mismo.

          ¿sabes por qué me dicen Katana, chiquito?- preguntó la güera.

          No, ¿por qué?

          Por esto…- Contestó al tiempo que desenvainaba la katana oculta en su ropa interior.

          No pasa nada, solo tengo que cerrar los ojos, respirar por la boca y apretar el culo.